Dramatismos aparte, en los tiempos que corren hay determinadas canciones (bueno, quizá una) que nos han puesto de moda una reacción relativamente habitual en determinadas circunstancias emocionales.

El despecho suele traducirse en determinadas reacciones que, indudablemente, derivan en consecuencias para quien lo experimenta y para el objeto del mismo. Acerquémonos a esta reacción de una forma picaresca e informal.

De qué va eso

¡Uf! u oséase, la interjección que define el cansancio, hastío, sofoco y, para los más irascibles, la repugnancia que puede generar algo. Claramente, estamos inmersos en una sociedad en la que cualquier evento en el que hay implicadas personas aparentemente conocidas, rápidamente se convierte en viral (nunca me acostumbraré a estos términos), trending topic -tendencia para los amigos- o, como diríamos en mis tiempos, la hostia.

Lo peor es cuando te viene a la cabeza una actual melodía pegadiza -que, pese al título, no tiene que ver con las motos sino más bien con coches- y, sé que si sigues leyendo esto, la estarás tarareando (o aullando);  que habla, indirectamente, acerca de utilizar ropa antisalpicaduras, de la idoneidad de un coche que se ajuste (etiqueta mediante y cartera pudiente) al etiquetado propio de las zonas de bajas emisiones y, para tristeza del personal, ajusticie la tendencia vintage de llevar ese maravilloso reloj precursor de las correas actuales de caucho o de los smartwatch que algunos/as modernitos/as creen que son los que han hecho que este referente horario sirva para algo más que dar la hora y que, no se engañe nadie, no dejan de ser una evolución de su increíble ancestro que no tendría un teclado qwerty, pero sí los números una calculadora, o casi.

Va de esto

Todo este juego de palabras no supone más que hacerse cargo de un resentimiento o disgusto que siente una persona debido a una ofensa que la impulsa a obrar vengativamente.

Ay, si yo os contara; pero no estamos aquí para hablar de las miserias propias. Supongo que a quien más o a quien menos, le ha tocado vivir algún despecho. La pregunta es, de dónde surge esta reacción llena de emociones con cierto componente negativo.

Lo habitual es que tras un proceso de idealización de alguien (algunos/as lo llaman el amor de su vida) y después de un período más o menos duradero de felicidad (puede ser aparente), la cosa se empiece a torcer.

En este punto, cabe reseñar, que estamos hablando de cuando se genera el despecho y no del curso natural de una relación (quizá esta consideración es necesaria para tranquilizar al personal).

Yendo a lo práctico, puede que una relación se acabe pero, por qué leches se genera el despecho.

El despecho no deja de ser un sentimiento que surge a partir del duelo por una ruptura amorosa y es una derivada de emociones como la tristeza, dolor, culpa y, la más potente, rabia.

A partir de ahí, las reacciones de la persona despechada tienen carta blanca, manga ancha y vía libre para intentar hacer reaccionar a aquella parte, otrora amor de su vida, en forma de provocación.

Supone aquello

Rabia, venganza, ira y todo lo que se os ocurra que suponga un derroche de mala baba hacia quien consideramos nos ha dañado. Espero que si hablo de utilitarios de una marca francesa de coches no repique en vuestros oídos la susodicha melodía o que no seáis de aquellos/as que os ahogáis en vuestros problemas y necesitáis, sí o sí, de una claraboya para superar las dificultades.

Al fin y al cabo, el despecho no deja de ser algo adaptativo (si no hay desmadre) que nos ayuda a superar una situación dolosa para nuestro ego. Ahora bien, no podemos convertirlo en nuestro leitmotiv salvo que nos aporte ingentes beneficios (vid ironía). Incluso en las circunstancias reseñadas, lo mejor es desconectar lo antes posible y, sin radicalismos, pero con firmeza; dejar atrás el motivo del despecho.

Desde luego, este sería el camino para no alimentar las emociones negativas y, de paso, para ver que no todo en la vida son deportivos costosos o relojes áureos frente a modestos utilitarios y relojes vintage.

Y es que cuando intentas enamorar a alguien que jamás te querrá, es como intentar adelantar al famoso coche de la firma italiana con el de la francesa.

 

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