He de reconocer que la gente que se curra los anuncios navideños son unos cracks en lo de invadir nuestra existencia con  personajes o melodías pegadizos que, personalmente, calificaría de cansinos pero, a riesgo de que me consideréis el señor Scrooge (siempre amargado por esta época), tildaremos sólo de sencillas. No obstante, toda canción lleva un mensaje implícito y, en esta época, en la que el buenismo se intenta abrir paso aunque sea impostado, no está de más recurrir a los mensajes de estas canciones para desearos unas felices fiestas.

La más reciente para todos es la de una niña que considera que su padre es una criatura ficticia de la mitología nórdica y germánica que, para más inri, ha sido utilizada como una raza de ficción en la literatura fantástica. Lejos de conformarse con esto, la niña del anuncio, en un ejercicio de autoconvencimiento desmedido, se repite constantemente sí lo es, sí lo es, es un elfo… así hasta tres veces. A mí, desde luego, me hace dudar ya si lo es o no. En las antípodas temporales de este anuncio se sitúa el de esas muñecas (Barriguitas, Pin y Pon, Nancy, Nenuco…) que iban dando pequeños pasos (algo robóticos) para dirigirse al portal de Belén con una velocidad anodina que, desde la fábrica donde se producen, situada en Onil (Alicante), se ha calculado que les permitiría llegar en unas 877 horas a Belén. Madre mía, más de 36 días a paso robótico ininterrupido.

En esto de las letras pegadizas y surrealistas, las hay para todos los gustos. Como diría aquel, vamos al turrón y, en esta lid, destaca una melodía que se ha convertido en una constante navideña. Por favor, espero recordéis esa canción en la que los familiares van regresando a casa en todos los medios de transporte habidos y por haber en aras de publicitar ese manjar navideño almendrado que es capaz de poner a prueba la fortaleza de nuestras piezas dentales.  Para turrones, los de ese cánido (canis lupus) que también muestra aires narcisistas al señalar su turrón como algo grande que trae paz y alegría en cada hogar. Hay tantos de turrones que tendríamos para hacer una novela, pero a modo de anuncio precursor del de la niña del elfo, no se me quita de la cabeza otro en el que un grupo de niños (dibujos animados) clamaban la necesidad de comer turrón y lo repetían en series de tres…; y es que, no hacían más que repetir, queremos turrón, turrón, turrón seguido de una sugerencia (más bien imperativa) pero que sea de tal marca y no otra. Terminando con los dulces, como no recordar el tremebundo ¡Que t´atrapo leche! de la marca de bombones homónima.

La verdad es que, con tanto turrón se me está haciendo bola y me planteo la necesidad de facilitar su deglución. Probaré con esa bebida espumosa cuyo anuncio, en el primer día de emisión, era un auténtico espectáculo que generaba cierta tensión mediática. Esto es así hasta el punto que si pensamos en burbujas nos viene el nombre de esta marca. Peor todavía, se decía que la época navideña comenzaba cuando se emitía este anuncio. Pese a ello, he de decir que soy  más de sidra y aunque los puristas de este jugo puedan pensar mal de mí… me encanta tomar una que dicen que es famosa en el mundo entero, aunque el instrumento musical (asturiano), que da pie al nombre comercial, no sé yo hasta que punto está tan universalizado.

Cambiando de tercio, otro personaje insigne en esto de los anuncios es el bueno de Edu. Dar un teléfono a un niño así y con llamadas ilimitadas gratis hizo que se planteara felicitar a media humanidad diciendo sólo Hola soy Edu, feliz Navidad. Lo de los personajes tiene muchas posibilidades y en nuestras mentes creo que se hizo popular el calvo de la Navidad (supongo que a unos más que a otros por razones múltiples).

Al final, se pueden enfocar estos anuncios de diversas formas. La menos cándida es que apelan a nuestras emociones para conseguir colarnos su producto y, lejos de esto, creo que quieren difundir los valores que esta época nos recuerda como necesarios en nuestro día a día… Vale, no me lo creo ni yo. Pero volviendo a los valores, es bonito que una niña crea que su padre es un ser mágico, como también lo es pensar que un grupo de niñ@s (aunque sean de plástico) se dirigen al portal para brindar cariño y amistad. Todo esto ni tan siquiera es comparable con la posibilidad de juntarse con los seres queridos o los bonitos recuerdos asociados a los mismos y todo al calor del intento de todos de endulzarnos la vida.

Sólo me queda desearos…

Bones Navidaes y Gayoleru Anu Nuevu, Bon Nadal i Feliç Any Nou, Bon Nadal e Bo Ani Novo, Zorionak eta Urte Berri On, Bon Nadal i Feliç Any Nou y, en resumidas cuentas, Feliz Navidad.