Tranquilidad, hoy no toca hablar de política, aunque esto de los programas electorales incumplidos, las carreras universitarias que desaparecen del currículum, máster presenciales realizados a distancias siderales o doctorados aderezados con textos íntegros de otros – nunca reconocidos los plagios-… nos puede llevar a la tentación de pensar en algunos de nuestros representantes (creedme que da igual la orientación). La trola alude al engaño, a fingir o a inventar. Otros lo llaman deformación de la realidad, trapacear o, los más finos, patraña. Una bola, un enredo y un embuste adornan a los expertos en la mentira. Es curioso cuantos términos hay para la mentira y qué pocos para la verdad. Quizá por eso tengo la extraña sensación de que hay más mentiras que verdades a nuestro alrededor. A los mentirosos también se les llama fantasmas, troleros, embusteros, caraduras y jetas. Esto de la mentira da incluso para cuentos como el Pinocho de Carlo Collodi (escrito y publicado como aventuras en un periódico entre 1882 y 1883) o la más patria Antoñita la Fantástica. Cómo olvidar las increíbles aventuras del Barón de Munchausen que incluso han derivado en el reconocimiento de un síndrome homónimo que es un trastorno facticio en el que hay un engaño (acerca de malestar físico) con pseudología fantástica (argumentaciones falsas que el emisor termina creyéndose).

Lo de Antoñita la fantástica tiene su miga ya que, probablemente, no le suena a los más jóvenes. En mi infancia (ya ha llovido), cuando me cazaban diciendo una mentira no era infrecuente escuchar el sempiterno te pareces a Antoñita la fantástica. Esto me llevó a documentarme y leer unos inolvidables libros en los que se hablaba de una niña adolescente madrileña que se enfrentaba a la cotidianeidad desde la mentira. Lo cierto es llamamos Antoñita no sólo a los que fantasean y/o mienten, sino a los que son excesivamente optimistas o están en Babia (también en la Luna). Las mentiras de Antoñita surgían a partir de la lectura y, en todo caso, su vida era un alegato hacia la imaginación que nos puede enriquecer y aportar el negro sobre lo blanco.

Queda claro que no todas las mentiras son iguales y seguro que a todos se nos ocurren ejemplos (no sé si propios). Las hay intencionadas, que son las dirigidas a conseguir un beneficio propio (p. ej.: mentir acerca de tus estudios); los rumores son un buen ejemplo de como una información superficial se va adaptando a la realidad de cada persona que la cuenta distorsionando su contenido inicial; qué decir de las exageraciones con las que adornamos un relato parcialmente verdadero para convertirlo en algo digno del libro Guinnes de los records; o los autoengaños, que nos sirven para no complicarnos la vida (p. ej.: seguir en la zona de confort en base a un supuesto miedo) y; por último, las socorridas mentiras piadosas (mentir sobre algo aparentemente poco importante) que, muchas veces, no lo son tanto.

Retomando al Barón de Münchhausen (1720 a 1797) –barón de Munchausen en la literatura-, hay que decir que pese a su origen alemán se alistó al ejército ruso y participó en dos campañas contra los turcos. Al regreso a su hogar, narró unas historias inverosímiles que han dado lugar a dos libros, dibujos animados e incluso una película. Sin desmerecer a Julio Verne (no nació hasta 1828) y sus 20.000 Leguas de Viaje Submarino, De la Tierra a la Luna, 5 Semanas en Globo, Viaje al Centro de la Tierra o tantas otras obras pioneras de la ciencia ficción, lo cierto es que ni siquiera había nacido cuando el Barón de Münchausen ya había relatado su viaje a la luna en un globo o cómo escapó del interior de un monstruo marino o de un campo de batalla sobre una bola de cañón.  Por cierto, en la película de Disney de Pinocho, una tal ballena llamada Monstruo se traga primero a Geppetto y también a Pinocho al acudir al rescate de su padre –creador-. Curioso es que Pinocho y su padre escaparan provocando el primero un estornudo al cetáceo ya que, como seguro suponéis, así escapó nuestro querido barón del monstruo marino que os mencioné antes. Por favor, no acuso de plagio de tintes históricos a Verne ni Collodi, pero ya sabemos que hay situaciones en las que nos apropiamos de ideas ajenas (se llama Síndrome de Anat) no sé si desde el autoengaño o la intencionalidad.

Terminando, Nietsche dijo que lo que más me molestó no es que me hayas mentido sino que,  de aquí en adelante, no podré creer en ti y esto me lleva a que quizá también he mentido al principio de este escrito, ya que me han venido algunos/as políticos/as de toda índole (para gustos los colores). Que cada palo aguante su vela o, mejor dicho, que cada trolero aguante su trola.