Dice la Wikipedia que a Baltasar también se le puede llamar Barttshan y que, más que Rey Mago, era un sabio de oriente. Lo de las hipótesis de seguir una estrella ya lo conté hace uno o dos años pero, a mí lo que me asombra, es como estos tres ilustres personajes se han convertido en algo eterno y adscrito a la ilusión. Aclarar que, el nombre de Baltasar significa Dios protege al Rey y que es de origen babilónico. 

Ya sabéis que Baltasar portaba la mirra, que no deja de ser una sustancia resinosa obtenida a partir de la incisión en la corteza de un árbol y cuyo origen es del noreste africano y Arabia amén de la península anatólica turca. El poder de la mirra era anestésico (sobre todo si era mezclada con vino).

Lo que sí me parece curioso es que los historiadores  digan que Baltasar no era de raza negra y que, debido al supuesto cosmopolismo de la Baja Edad Media, fuese representado así con un afán integrador. Sea o no este el supuesto y fuese o no fuese de raza negra, me quedo con lo que el personaje representa y que es la conexión con la vertiente humana a través de la mirra (utilizada en los entierros). 

Sin embargo, a nadie se le escapa que a Baltasar se le pone como último y, desde luego,  que no lleva un metal dorado. En esta sociedad actual llena de filias y fobias y en la que nos queda mucho por avanzar en cuestiones como el machismo, no menos cierto es que en el tema del racismo también nos supera y/o queda por encima. No caigamos en alarmismos, pero igual que existen los micromachismos existen los microracismos (no sé si la RAE podrá decir algo de este término). Esto de representar a Baltasar como el último Rey siempre, incluso  puede ser objeto de caricaturizaciones racistas ya que… el último… el que queda atrás… y, aún peor, el que tiene la negra, el que ve su futuro tal cual, quien representa la ausencia de color y, un sinfín de cosas que, orientan hacia la pérdida de cualquier posibilidad de progreso; no dejan de aparentar ser correlatos racistas que sobran… 

Sin embargo,  Baltasar es un Rey que no vive de la epifanía de la presentación de Jesús al pueblo. El tema del oro, incienso y su célebre mirra se quedan anticuadas e incluso se sugiere que fue a la inversa…. Es decir, el del oro podría ser Baltasar. A mí, me da lo mismo que me da igual, porque lo más importante es lo que representa cada Rey Mago y, más aún, Baltasar. 

Lo diferente es aquello que merece un trato singular y no hay nada más especial que tratar de forma normal a lo diferente. Baltasar no deja de reflejar algo que en esta sociedad secularizada y alejada de los valores (de cualquier índole), está presente. Respetar lo singular nos define como seres humanos y su rechazo nos aleja de tal condición. 

Baltasar era uno de los tres Reyes Magos pero, en la práctica, representa mucho más. Era aquel Rey que se mostraba diferente, quien defendía lo no común, quien apostaba por la humanidad, quien representaba y representa minorías y quien, al fin y al cabo, es una de las tres patas que fomentan nuestro aferramiento a la infancia. 

En fin que, pese a todo, a pesar de las dificultades siempre estará la ilusión y, si Baltasar nos acompaña,  de nuestro lado a uno que representa a los que suelen tener que currárselo mucho. Os deseo un maravilloso año lleno de salud y  paz. Seguro que Baltasar, pese a ser representado como el último, buscará el recoveco que le conduzca a ser el primero en buscar la felicidad de los demás. Felices Reyes Magos y viva Baltasar.