Categoría: Experiencias PIR

Paula Ramos Ubieto

Puesto: Nº 62 Convocatoria 2019 (Examen PIR  Febrero 2020)
Aciertos: 142, Fallos: 30, Omisiones: 3
Expediente: 8.94

Mi experiencia PIR se iniciaba un 4 de Julio de 2018, primer día que me senté a estudiar, y tras un año y medio de dedicación completa, en mi segunda convocatoria, al fin llegó…la ansiada plaza.

Y que no te engañen, no hay magia. En mi opinión, dos son los ingredientes: CONSTANCIA Y ESFUERZO.

Desde el primer momento tuve claro que lo haría a través de una academia, ya que todavía andaba más que perdida en todo lo relacionado con el mundo PIR, y tras informarme un poco sobre el tema, decidí hacerlo con CEDE.

¡Y que acierto!

En mi primera convocatoria me apunté al curso presencial que comenzaba en Septiembre, tras haber hecho una lectura completa de los manuales durante los meses de Julio y Agosto. Para mí las clases presenciales fueron fundamentales.

Cuando empiezas a estudiar algo tan amplio como el PIR te sientes absolutamente perdido, te abruma la cantidad de información, resulta difícil ordenar y priorizar, y parece imposible abarcar tanto.

En mi opinión, las clases son fundamentales para dar un sentido y un orden a todo ese caos de contenidos. Te permiten organizar la información, distinguir lo principal de lo secundario, y te van ayudando a encontrar tu ritmo y forma de estudiar.

Además, CEDE cuenta con un equipo increíble de profesores que, con infinita paciencia, me ayudaron a ordenar el material de cada asignatura, comprender los conceptos más complejos, y entender teorías que al principio parecían marañas de información sin sentido.

Para mí, uno de los puntos fuertes de las clases presenciales fueron los cuadernos resumen da cada asignatura. ¡Benditos resúmenes…! Estos cuadernos aportan una visión mucho más reducida y abarcable de cada asignatura, recogiendo lo fundamental, y sirviendo como punto de partida para hacer el estudio, y sobre todo los repasos, mucho más ágiles y llevaderos.

En mi caso, en esta primera convocatoria, sobre todo debido a que el tiempo hasta el examen fue reducido, yo basé el estudio en estos resúmenes, completando la información con lo trabajado en las clases y ampliando lo importante de los manuales.

Finalmente, completé el estudio con la realización de preguntas y simulacros de examen, otro de los puntos fuertes de CEDE, que ofrece aplicaciones como CedeExam, las cuales muy a mi pesar, empecé a utilizar algo tarde.

En cuanto a los Simulacros, creo que fue uno de mis principales fallos en la preparación del primer examen. Al principio no me los tomaba del todo en serio, los hacía sin prestar atención y sin ponerme en la situación de estar haciendo un examen, y para cuando quise ponerme las pilas con ellos, era un poco tarde. Además, llegó un punto en el que ver el número de fallos en esos simulacros, y ver que en muchos casos no conseguía reducir este número a pesar de llevar más tiempo estudiando, comenzó a frustrarme y a hacer que se tambaleara mi motivación. Llegué incluso a pasar dos días sin ser capaz de abrir un libro tras un simulacro que salió mal el mes antes del examen.

En este punto, escribí a Rosa, la tutora de alumnos, quien me escuchó, me calmó, y me ayudó a relativizar el resultado de estos simulacros, animándome a seguir y haciéndome reflexionar sobre aquello que quizás debería cambiar en mi forma de estudiar.

Y al fin…llegó el examen.

Está claro que no obtuve plaza en este primer intento. Sin embargo, para mí, la realización del examen fue totalmente clarificadora. Hacer el examen y reflexionar después, haciendo un ejercicio de autocrítica sobre lo que había hecho, me sirvió para ser muy consciente de cuales habían sido mis fallos a la hora de estudiar, qué faltaba, qué tenía que reforzar, en qué materias profundizar, y cómo orientar el estudio para la siguiente convocatoria. A día de hoy, ya con la plaza bajo el brazo, estoy convencida de que este fue uno de los puntos clave que me han permitido aprobar este año.

Así, tras el examen, me tomé dos meses de desconexión total y volví de nuevo al estudio con la motivación y las ganas renovadas. En esta segunda convocatoria contaba con más tiempo, conocimientos, y tenía claro qué cosas debía cambiar.

En esta convocatoria volví a confiar en CEDE, en este caso, apuntándome a la opción online y  a las clases sueltas de aquellas asignaturas en las que más flojeaba.

Además, algunos de los cambios que hice, y que creo han sido lo que ha marcado la diferencia respecto a la convocatoria anterior fueron los siguientes:

– Elaborar el material: Trabajé mucho más personalmente el material, lo que supuso dedicar gran cantidad de tiempo a elaborar tablas, cuadros, esquemas y resúmenes personales, que luego me ayudaron muchísimo a la hora de hacer repasos.

Al principio parece que haciendo esto pierdes tiempo de estudio, ¡pero todo lo contrario! A mí eso me hizo ganar mucho tiempo después.

– Estudio en profundidad: Dediqué mucho más tiempo a tratar de entender y de hacer un estudio más comprensivo y profundo de los conceptos y teorías que, inicialmente, me había estudiado de memoria.

El cuaderno morado: Me compré un cuaderno que dividí por asignaturas y en él recogí aquellos conceptos, clasificaciones, tablas, etc. que me resultaba más difícil recordar (la típica tabla de las afasias, el cuadro de los núcleos del hipotálamo, eficacia de tratamientos, listados de autores y conceptos clave…) o que me parecían importantes, sobre todo pensando en que me sería útil en el momento de hacer repasos rápidos los días previos al examen.

Simulacros!: En este caso uno de mis principales cambios. Hice todos los simulacros oficiales y entrenamientos propuestos por la academia, y los hice “como hay que hacerlos”, como si se tratase de un examen real, sin interrupciones, y tratando de encontrar mi propia “estrategia de examen”, cosa que los profesores habían destacado desde el principio y que no me había parecido importante hasta entonces.

Además, tras cada uno de estos simulacros, dediqué gran cantidad de tiempo a analizar los fallos cometidos, recogiendo en un cuaderno a parte las ideas o conceptos que iba fallando. Adopté la rutina de leerme estos fallos unas cuantas veces a la semana, sumando cada vez los de los nuevos simulacros, y me sorprendió la cantidad de información que aprendí de esta forma.

-Bendito CedeExam: Finalmente, una de las cosas en las que más modifiqué mi rutina de estudio fue en sacar provecho de la aplicación de preguntas de la academia. Como rutina, establecí hacer un mínimo de 100 preguntas al día, cada día sobre la asignatura que estuviera estudiando. Solía hacerlas a primera hora de la mañana, lo que me permitía refrescar ideas o recordar conceptos.

Además, casi a diario, utilizaba las horas en las que mi atención solía flojear (por lo general después de comer, y a última hora de la tarde) para hacer tandas de preguntas en las que iba incluyendo las asignaturas que ya había estudiado o repasado en semanas anteriores, lo que me permitía reactivar conocimientos y calmar la ansiedad que me producía pensar que “me olvidaba de las cosas”.

Así, incluyendo estos cambios, estableciendo una rutina diaria bastante estricta, manteniendo la constancia en el estudio a pesar de los cambios en la motivación, permitiéndome tiempos de descanso, y tratando de tener claro en mi mente cual era el objetivo, y los sacrificios que este suponía, llegó el segundo examen.

Y el resultado, en este caso, ¡una de las mayores alegrías de mi vida!

Al fin, la plaza, al fin la sensación de que has obtenido recompensa por todo el esfuerzo y sacrificio realizado. Y está claro que el proceso no ha sido un camino de rosas, que la motivación no siempre está presente, que las dudas y el miedo a no ser capaz pueden ser grandes enemigos, que renunciar a prácticamente todo lo que no sean los libros cuesta…pero se puede.

En cuanto a esto, puedo decir que para mí fue fundamental ser benévola conmigo misma, permitirme flaquear, darme “licencias” cuando sentía que las necesitaba, no castigarme aquellos días en los que parece que la cabeza no quiere funcionar, dejar que el miedo estuviera presente sin darle demasiado espacio, y no tratar de clamar mi sensación de inseguridad al pensar en el examen.

Ese miedo, esas dudas, esas inseguridades, esa sensación de verlo imposible, van a estar ahí. Yo tomé la decisión de dejarlas estar y de poner mi energía en otras cosas, en lo importante, en seguir adelante con la materia, en disfrutar de los momentos de descanso, y en repetirme constantemente el valor del esfuerzo que estaba haciendo.

A modo de conclusión me gustaría decir que, para mí, la experiencia PIR ha sido del todo positiva y, con independencia del resultado final, me siento afortunada por haberla vivido.

Con sus momentos mejores y peores, los días interminables en la biblioteca, el cansancio, la fatiga, la sensación de no ser capaz de más.

Con los nervios, las ojeras, las noches inquietas, los madrugones.

Con la frustración, la falta de tiempo, la sensación de haber dejado a un lado la vida y a los amigos.

Con el dolor de cabeza, el pelo sucio, las dudas, el corazón que se sale del pecho.

Con todo eso, esta etapa me ha enseñado mucho y me ha regalado mucho.

En este tiempo he aprendido a ser paciente, a renunciar al  “momento”, a tolerar la frustración, y a lidiar con una mente, en muchas ocasiones, enemiga.

He entendido el esfuerzo y el valor del tiempo. He descubierto cuanto podemos aguantar sin rompernos y que, a la mañana siguiente, todo se ve de otro color.

He sentido, más que nunca, lo que vale el apoyo de los que nos quieren, y el poder de los amigos que están cuando tu no estas.

Así que si, lo volvería a hacer, repetiría una experiencia que, no solo es el punto de partida para el camino que ahora empieza, sino que ha sido un aprendizaje mucho más allá de lo académico.