Lucía Rodríguez Ramos

Puesto nº 93 (provisional). Convocatoria 2019-2020

Expediente: 8,55

Aciertos: 142, Fallos: 33, Sin contestar: 0

Aún no puedo creer que sea yo la que está escribiendo esto… si me lo llegan a decir hace un par de meses… Cuando estudiaba, una de las cosas que más me motivaba era leer las experiencias de los compañeros que habían superado el Pir.  Escucharlos, me hacía ver la meta con más claridad. Ver que gente como yo (sin ningún tipo de poder especial) entraba, me hacía creer y confiar en que yo también podía ser uno de ellos. Y mira… aquí estoy. “Es muy difícil”, “Sois muchos para pocas plazas…” son algunos de los comentarios que te invaden durante todo este camino. Y, siendo sinceros, sí, es difícil y sí, somos muchos, pero SE CONSIGUE.

Espero que mi experiencia os ayude tanto como me ayudó a mí leer la de mis compañeros.

Todo empezó al terminar la carrera. Para ser franca, nunca me planteé el qué hacer después de terminar ya que tuve claro desde el minuto 1 que el Pir era la opción elegida. Tampoco dudé nunca sobre que academia a elegir. Fui práctica (en mi opinión) y decidí ir a aquella que tenía mejor trayectoria y experiencia. En cuanto me puse en contacto con el personal de cede, supe que era la elección correcta (y eso que no conocía a la mayor parte del maravilloso equipo). Decidí empezar en septiembre. 4º de carrera había sido un año muy duro y no me planteaba estudiar ese verano. Acudí al curso de septiembre (tres clases por semana hasta diciembre). Objetivamente, este curso no me permitía estudiar mucho. Por las mañanas preparaba el material que se iba a dar por las tardes y luego acudía a la academia. El último mes sin clase, apreté el ritmo de estudio pero siendo consciente de que no iba a poder mirar todo con la profundidad que me gustaría. Fui al examen con la intención de exponerme a la experiencia y probar suerte, y no estuvo del todo mal. Me quedé en un 1600 aproximadamente en mi primera convocatoria. Al salir del examen tuve aún más claro que el Pir era lo mío. Confiaba en que con más horas de estudio, podría conseguirlo, por lo que con la motivación incrementada, empecé la preparación de mi segunda convocatoria.

Para mí, el proceso de la segunda convocatoria fue fundamental para estar hoy donde estoy. En esos meses maduré, como persona y sobretodo como estudiante del Pir. Creo que no supe donde me metía hasta que llegaron esos meses. Ahí fue donde empezó a implantarse todo el compromiso, la dedicación… que ha hecho que tenga hoy mi plaza. Decidí que los primeros meses iba a compaginar el estudio con un trabajo a media jornada. Y así fue. Trabajé en una tienda de marzo a julio (incluidos). Esto me ayudó a optimizar el tiempo de estudio. Era consciente de lo largo que era el camino, y no quería pasarme 7horas sentada en una silla para aprovechar solo 4 (al menos los primeros meses). Por lo tanto, entre semana me dedicaba a estudiar y a trabajar, los sábados por la mañana iba a clase (curso de mayo de sábados en Madrid), por la tarde hacía simulacros y el domingo descansaba. He de decir que el curso de los sábados me vino genial para “rematar” bien la semana de estudio. Es un curso en el que se enfatiza mucho sobre lo más importante de cada área. Para mí era como una sesión de estudio final de la materia. Eso sí, recomiendo que se lleve bien machacada la misma antes de la clase para poder aprovecharla. Esa convocatoria me veía bastante preparada, pero no pudo ser. Quedé la 249. A nivel emocional fue un palo. No el resultado en sí (que al final me resultó bastante positivo), sino el examen. Perdí el control completamente. La dificultad elevada en determinadas preguntas hizo que me viniera abajo y empezara a dudar en muchas preguntas que si sabía realmente. A día de hoy, agradezco haber pasado un examen así. Eso me hizo controlar muchísimo más a nivel emocional en los simulacros y estar preparada para todo.

Camino a mi tercera convocatoria. Elegí el curso online de clases grabadas. Con tanto estudio a la espalda necesitaba un poco más de autonomía, pero sin desvincularme completamente de esas clases que son en mi opinión tan necesarias. Volví a trabajar media jornada hasta julio y empecé en serio en septiembre. Estudié muchas horas (más que nunca), no bajaba de 7 casi nunca y en diciembre-enero subieron bastante. Me dediqué a profundizar las áreas que llevaba un poco peor: biología, experimental, tratamientos… y a precisar aquellas que llevaba mejor. Utilicé algún que otro manual de referencia para contextualizar la información, pero sobretodo usé de recursos las clases grabadas (el poder verlas cuando quieres facilita mucho el estudio), el foro de dudas (fui muy pesada) y cedeexam (todos los días muchas preguntas). Las semanas antes del examen fueron muy duras… de las peores de la preparación. Y es aquí cuando entro a hablar de mi tutora: Rosa. Para mí una de las figuras más importantes del proceso de preparación. Siempre está ahí cuando lo necesitas y siempre tiene las palabras adecuadas para tranquilizarte y hacerte relativizar. Sin duda, su apoyo ha sido y sigue siendo fundamental en todo el proceso.

El día del examen fue un día complicado. Otro año examen raro, complicado, rebuscado… Empecé el examen por una asignatura complicada, y fue en ese momento donde puse en práctica todo lo preparado para la técnica de examen (tan importante como las horas de estudio): no perder la calma, no venirme abajo…  Así que busqué una asignatura que se me diera mejor, “empecé de 0 el examen” y lo conseguí.

A día de hoy he comprendido muchas de las cosas que siempre leía por ahí… El Pir es un largo camino de aprendizaje: no solo a nivel profesional, sino a nivel personal. Es increíble la madurez que se consigue estudiando, el como vas integrando poco a poco todos los conocimientos, como vas formándote tu propio criterio como profesional… Es muy bonito ver como tu pasión te lleva a sacrificar tantas cosas y como, al mismo tiempo, el sacrificio merece la pena por conseguir lo que hoy tengo. Me gustaría animaros a todos los que leéis esto a que no bajéis los brazos y os propongo un ejercicio personal que a mí me ayudó mucho.

Cuando terminé el examen y llegó el postpir, no imaginé nunca estar dentro. En esos días de mucho pensar, mis padres me propusieron hacer cursos, algún master… algo complementario al Pir. En ese momento lo vi claro y les dije: lo único que quiero es que empiece ya la academia para seguir preparándome. Por eso os animo a visualizaros dentro de 5-10 años. Si veis vuestro futuro en la sanidad, como psicólogos clínicos, id a por ello. Esto es una inversión a largo plazo, y no se qué diré dentro de 4 años cuando acabe mi residencia, pero a día de hoy estoy segura de que va a ser la mejor experiencia de mi vida.

Muchas gracias a Cede por su dedicación año tras año. Es un lujo sentirse tan apoyado por tu academia en todo momento. Gracias a los profesores por enseñar con tanta calidad y por servirme de inspiración todo este tiempo.