Título impactante para un tema no exento de controversia y máxime cuando se aborda el tema del temperamento y/o su papel en la determinación de la personalidad. Profundizar en el concepto de temperamento implica, para un gran número de autores, aludir a una fuerte base biológica para explicar las diferencias individuales de conducta. Esta base tendrá una gran influencia genética que será estable a lo largo del tiempo. En este sentido, se ha encontrado un paralelismo temperamental en gemelos tan sólo al medio año de vida cuando se les comparaba en características de la personalidad tales como el nivel de actividad, la exigencia de atención, la irritabilidad y la sociabilidad. Aunque han aparecido estudios con resultados contradictorios, la investigación existente arroja un cierto consenso respecto a la presencia de muchos componentes importantes del temperamento y su manifestación debido a una notable influencia genética.

Junto a la demostrada asociación entre los componentes temperamentales y la herencia genética, se ha encontrado que el ambiente también influye a la hora de conformar la personalidad infantil y, por tanto, aunque pueda ser de forma indirecta, el temperamento. Quizá el componente temperamental más influenciado por el ambiente sea la tendencia a expresar afecto positivo, que estaría modulada por variables como el entorno hogareño compartido por los hermanos. En todo caso, los hermanos que comparten un mismo entorno ambiental ven poco influenciados otros atributos temperamentales como el nivel de actividad, temor y otras variables, circunstancia que ha sido incluso confirmada en estudios con gemelos.

En la misma línea, otros estudios se han centrado en el concepto de temperamento biológico natural, profundizando en la consideración de si el temperamento interacciona con el ambiente a la hora de producir la personalidad. Sus principales conclusiones se centraron en señalar la importancia de los factores heredados. Así, en un estudio longitudinal planteado para explicar cómo ciertos aspectos del temperamento infantil influían a la hora de conformar una estructura de personalidad predecible se encontraron tres perfiles temperamentales:

  1. Temperamento “fácil”: aproximadamente un 40 % de los niños de la muestra investigada. Se caracterizaban por ser tranquilos, con un estado de ánimo general positivo, abiertos y adaptables con facilidad a experiencias novedosas. Sus hábitos se caracterizaban por ser regulares y predecibles.
  2. Temperamento “difícil”: aproximadamente un 10 % de los componentes de la muestra. Estos niños eran más activos irritables y de hábitos irregulares. Eran muy reactivos a los cambios de rutina y lentos en la adaptación a situaciones y/o personas nuevas.
  3. Temperamento “lento en reaccionar”: aproximadamente un 15 % de la muestra. Eran niños bastante poco activos, con presencia de emociones negativas y más lentos a la hora de adaptarse a personas y/o situaciones nuevas. No eran tan reactivos a la hora de responder a los cambios pese a que tuvieran emociones negativas.

En este enfoque, el estilo de temperamento del niño y los patrones de crianza de los padres determinarían los posibles cambios en la expresión de la personalidad. Asumiendo la anterior distinción temperamental, los niños difíciles tendrán mayores posibilidades de adaptación si los padres no reaccionan alterándose, son contenidos y, en definitiva, fomentan en los niños una adaptación más relajada a la novedad. Se encontró como cuando se ejercía un estilo punitivo con estos niños mostraban muchas mayores posibilidades de seguir siendo así más adelante.

Aunque ha quedado patente que habría un papel modulador del ambiente sobre el temperamento, sirviendo de ejemplo estudios en los que se ha encontrado relación entre compartir hogar (relaciones entre hermanos) y manifestaciones de afecto positivo; también han aparecido estudios discordantes que indicarían un papel de las variables ambientales relevante sólo en aquellos casos en que actúan sobre variables no compartidas por los hermanos, es decir, aquellas que contribuyen a que manifiesten diferencias en personalidad. En cualquier caso, existe bastante aceptación de la idea de que las influencias ambientales suelen modificar los aspectos del temperamento más influidos por la genética. Además, se ha encontrado que la estabilidad de los rasgos temperamentales es mayor en tanto en cuanto las personas se hallen en los extremos de la dimensión temperamental. Es decir, cuanto menos extremas sean las manifestaciones temperamentales más modulables serán por influencias ambientales. La limitación del planteamiento descrito es que los resultados sólo se dieron al analizar el continuo temperamental inhibición-desinhibición en un estudio longitudinal con niños.

Para finalizar, cabría la pregunta de cómo se integran los conceptos de temperamento y carácter al explicar el desarrollo de la personalidad. Para ello, se ha considerado que en la base del desarrollo existiría un proceso reiterativo por el que el temperamento determinaría, inicialmente, las respuestas automáticas de la conducta, pero estaría sometido a modificaciones o condicionamientos por la influencia de aprendizajes introspectivos de autoconceptos (carácter) según la persona identificase el self con un individuo que podría ser autónomo (autodirección), parte integrada en la sociedad (cooperación), o parte integrada en la unidad de las cosas (autotrascendencia). Estos términos de autodirección, cooperación y autotrascendencia son las variables caracteriales introducidas en el modelo de personalidad basado en temperamento y carácter de Cloninger, paradigma que será abordado próximamente.

Bibliografía recomendada

Graña, J. L. y Muñoz, J. J. (2008). Desarrollo de la personalidad: Temperamento y Carácter (pp. 57-65). En Bases de la Psiquiatría. Edita: Grupo ENE.