Rostro del Terror

 

Cada cierto tiempo, por desgracia, salta a la luz algún crimen horrendo que no hace sino revelarnos la crueldad a la que puede llegar algún “ser humano”.

Pero, qué hay detrás de estos sujetos y, cómo debe actuar la sociedad toda vez que ha ocurrido alguna de sus terroríficas acciones.

 

Introducción

En otro escrito cité a Montesquieu con su una cosa no es justa por el hecho de ser ley, debe ser ley porque es justa. De la misma forma, Cervantes dijo que los delitos llevan a las espaldas el castigo.

Pero no entremos en el debate de la proporcionalidad de las penas y/o el seguimiento de los dictámenes/recomendaciones profesionales tan pronto y adentrémonos en la temática del rostro del terror.

 

Relato de los hechos

Era un 5 de octubre de 1989 cuando un varón de 23 años interceptó a una menor de 13 años que vivía en su mismo edificio cuando ésta procedía a ir al colegio.

Mediante engaños logró ser acompañado por la adolescente hasta el domicilio  del raptor. Una vez allí, la joven se dio cuenta del engaño pero ya era tarde.

Fue atada a una silla con una cuerda enrollada en su cuello que fue apretada hasta que perdió la conciencia. Mientras, el rostro del terror decía obscenidades y se masturbaba hasta eyacular.

Condena por el primer delito

Tras siete años en prisión, el citado varón, volvió al “medio natural”.

Vuelve a reincidir

En el año 1998, mostró interés por la compra/alquiler de un piso y, para ello, acudió a una inmobiliaria en la que conoció a la persona sobre la que perpetraría su siguiente crimen.

En un momento de la visita al piso, empujó a la víctima de sus horrendos instintos a una cama y con una navaja comenzó a realizar cortes de diferente nivel de profundidad, si bien uno de ellos atravesó la glándula tiroides de la mujer agredida e incluso llegó hasta la tráquea, algo que cercenó cualquier tipo de resistencia ante la agresión sexual que pretendía consumar este sujeto y que pudo lograr.

Al inicio de la misma, cuando inmovilizó a la víctima sobre la cama, señaló que el hecho de llevar minifalda la mujer era algo que pudo precipitar su comportamiento de volver a masturbarse y eyacular sobre ella.

Pese a todo el daño infligido, el rostro del terror aún le quedaba por perpetrar una última puñalada fatal en el corazón de quien poco podía hacer para defenderse.

Condena por este segundo delito

Una condena de 20 años por asesinato y 10 por agresión sexual (se descartó la violación porque “no hubo penetración”), se tradujeron en una “condena acumulada de 25 años”.

En abril de 2020 pasó a tener libertad condicional (cumplió unos 22 años).

En la actualidad:

Hete aquí el momento previo a su aparentemente (lo digo porque hay sospechas en otro caso) última monstruosidad.

A escasos kilómetros de la capital riojana, lugar del “crimen de la inmobiliaria”, en una localidad de poco más de 10.000 habitantes llamada Lardero.

Este rostro del terror andaba ya merodeando lugares donde niños/as se concentraban (colegios, parques, etc.), levantando las sospechas de los vecinos.

Previo al día de todos los santos que, pese a mis reticencias, entenderéis porque sí le voy a llamar Halloween, el sujeto en cuestión logró engañar a un niño de apenas nueve años que iba disfrazado, al parecer, de “Niña del Exorcista”.

Pese a la rápida reacción de otros niños y de los padres del menor, al ir al portal donde vivía este depredador, se encontraron que tenía a su hijo desfallecido en sus brazos, dando explicaciones vacuas sobre lo supuestamente acaecido que, en realidad, fue que estranguló al inocente niño.

 

Perfil del rostro del terror

Si lo inquietante de este relato, desgraciadamente real, os ha permitido llegar hasta aquí, se intentará presentar un perfil de este asesino que se considera a sí mismo irrefrenable a la hora de controlar sus impulsos homicidas.

Los medios retratan al alguien con un alto cociente intelectual, indicando incluso una valoración numérica de 122 que, aun correspondiente a un nivel elevado que no habla de superdotación, parece ser un intento de mostrar a este tipo de personalidades como “superiores”.

Por otro lado, se plantea que presenta algún tipo de sordera y que estudió solfeo.

Pese a lo poco que se sabe de su historia vital, al parecer sufrió maltrato físico por parte de su padre que, además, terminó suicidándose. A esto se le añade que, previo al suicidio de su padre, se había producido la muerte de su madre 15 años antes.

Impresiones generales

Cuál podría ser la tentativa explicativa de lo acaecido, toda vez que se integran todos los datos conocidos. Evidentemente, estaríamos hablando de conjeturas, pero la impresión general es la de:

  • Una estructura psicopática de la personalidad, con un deseo irrefrenable de satisfacción de instintos primarios y/o un desprecio por la vida de los demás probablemente derivado de una personalidad inmadura “consolidada” en una familia desestructurada y con ausencia de referentes morales sólidos.
  • Quizá existan complejos derivados de su discapacidad auditiva y/o cierto paranoidismo/desconfianza.
  • En su perfil, sería evidente la falta de habilidades sociales en lo que implica relacionarse con personas adultas, máxime si son mujeres. A esto se le añade una probable parafilia pedófila junto con sadismo.
  • Su perfil parafílico impresiona de ser no exclusivo y heterosexual. Quizá el disfraz del niño “confundió” al depredador y “alteró” sus planes.
  • Se observa un patrón delictivo de corte desorganizado; todo es muy rápido y descuidados, empleándose con impulsividad y extrema violencia.
  • Por su patrón depredador selecciona a las víctimas de forma ominosa, no oculta el cuerpo de sus víctimas, sin tener en cuenta las consecuencias, ataca a personas cercanas a la zona donde vive y, por supuesto, la aparentemente demostrada “personalidad adictiva”.

 

Cómo obrar con estos perfiles

Aunque uno es un firme defensor del papel de la psicología clínica, lo cierto es que aun soy más claro a la hora de posicionarme en el más rotundo pragmatismo.

Si el concepto de punible aludo a aquello que ha de ser castigado con una pena o condena justa o precisa, he de señalar, quizá con cierto ventajismo que, en estos casos, me cuesta ver que es lo preciso y, más aún, lo justo.

Porque, como siempre he pensado, hasta dónde puede llegar la proporcionalidad o equivalencia ante un comportamiento contrario a las leyes y, sobre todo, antagónico a cualquier indicio de humanidad.

En otras palabras, independientemente de creer en la finalidad rehabilitadora de nuestro sistema penitenciario, hay que ser conscientes de la imposibilidad de estos términos cuando se abordan estructuras psicopáticas de la personalidad como la de este sujeto que, por cierto, se llama Francisco Javier Almeida y quien, dicho sea de paso, aseguraba, cuando estaba encerrado, que volvería a matar.

 

Conclusión

Sin “querer resolver el mundo” en un escrito, es obvio que salen a la palestra debates como el de la prisión permanente revisable, el seguimiento en la reintegración a la comunidad de este tipo de reos o el caso que se realiza a las recomendaciones vertidas por expertos

Quizá haya que dejarse de ventajismos políticos o de debates ilusorios sobre el concepto de libertad, pero esa es otra historia y debe ser contada en otra ocasión.

 

 

 

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