Cada época tiene sus obsesiones. Hubo un tiempo en que el miedo era envejecer demasiado pronto. Hoy, curiosamente, el miedo parece ser simplemente envejecer.
En una cultura donde la juventud se ha convertido en símbolo de valor, relevancia y belleza, cada arruga parece un pequeño fracaso biográfico.
En ese contexto ha surgido un término curioso —y bastante revelador—: midorexia, una tendencia cada vez más visible que consiste en intentar vivir, parecer o sentirse más joven de lo que corresponde a la propia edad.
Introducción
Durante siglos el paso del tiempo fue aceptado como una realidad inevitable. Hoy, sin embargo, el envejecimiento parece haberse convertido en algo que debe corregirse, retrasarse o, al menos, disimularse. En las últimas décadas ha surgido un término que intenta describir esta tendencia cultural: la midorexia.
El concepto alude a la inclinación de muchas personas —especialmente en la mediana edad— a mantener una identidad juvenil prolongada, no tanto desde el cuidado saludable del cuerpo o la mente, sino desde la negación simbólica del propio proceso de envejecimiento. No hablamos simplemente de sentirse joven, sino de negar activamente cualquier signo que recuerde el paso del tiempo.
Qué es la midorexia
La midorexia describe una actitud psicológica y social caracterizada por el intento de preservar una imagen y un estilo de vida asociados a la juventud más allá de lo que correspondería a la edad biológica.
Este fenómeno puede manifestarse de distintas maneras:
- Búsqueda constante de apariencia juvenil
- Rechazo a los signos visibles de envejecimiento
- Comparaciones frecuentes con personas más jóvenes
- Construcción de una identidad basada en “no parecer de la edad que se tiene”
- Recurrencia creciente a intervenciones estéticas
Conviene señalar que no se trata de un diagnóstico clínico ni de un trastorno psicológico reconocido. Más bien hablamos de un concepto sociopsicológico que describe una tendencia cultural observable.
La cultura de la juventud permanente
La midorexia no surge de forma aislada. Se desarrolla en un contexto social muy particular: una cultura donde la juventud se ha convertido en un valor central.
La publicidad, el cine, las redes sociales e incluso determinados discursos laborales transmiten de manera más o menos explícita la idea de que lo joven es más atractivo, más creativo y más relevante. En contraste, el envejecimiento suele asociarse a pérdida de valor, deterioro o invisibilidad social.
El resultado es una paradoja interesante: vivimos más años que nunca, pero cada vez toleramos peor el envejecimiento.
El papel de la comparación social
Otro factor importante en la midorexia es el papel de la comparación social. Las redes sociales han intensificado un fenómeno que siempre ha existido: evaluarnos constantemente en función de la apariencia y el estilo de vida de los demás.
La exposición continua a imágenes idealizadas —muchas veces filtradas, editadas o cuidadosamente seleccionadas— puede reforzar la sensación de que envejecer es algo que debería evitarse o disimularse.
En ese contexto, la identidad personal puede quedar excesivamente vinculada a atributos asociados a la juventud: belleza física, energía, visibilidad social o atractivo.
Edadismo interiorizado
Desde la psicología social, la midorexia también puede interpretarse como una forma de edadismo interiorizado, es decir, la internalización de los prejuicios culturales hacia la edad.
Si una sociedad transmite constantemente que la juventud es deseable y la vejez es problemática, resulta comprensible que muchas personas intenten distanciarse psicológicamente de cualquier etiqueta asociada a “ser mayor”.
Sin embargo, esta estrategia tiene un efecto curioso: convierte el paso del tiempo en una amenaza permanente para la autoestima.
Entre el autocuidado y la negación
Conviene hacer una distinción importante. Cuidar la salud, mantenerse activo o interesarse por nuevas experiencias en la madurez son comportamientos asociados a un envejecimiento saludable. La midorexia aparece cuando el objetivo deja de ser vivir bien la edad que se tiene y pasa a ser simular que no se tiene esa edad. En ese momento el cuerpo se convierte en un proyecto de corrección constante y el envejecimiento en algo que debe ocultarse.
Conclusión
Quizá el problema no sea la midorexia en sí misma, sino el contexto cultural que la favorece. En sociedades donde la juventud se presenta como el principal valor simbólico, envejecer puede percibirse casi como una pérdida de identidad. Al final, uno podría pensar que el objetivo consiste en parecer cada vez más joven. Pero la realidad tiene cierta ironía: cuanto más se lucha contra el paso del tiempo, más evidente se vuelve que está ahí. Porque, en el fondo, intentar detener el tiempo es un proyecto tan ambicioso como inútil.
Y es que, al fin y al cabo, como decía Coco Chanel: “La naturaleza te da la cara que tienes a los veinte. La vida moldea la que tienes a los treinta. Pero la que tienes a los cincuenta es la que te has ganado.”








