Por Dr. Juan Jesús Muñoz García, Profesor de Psicología Clínica de CeDe

Quizá has escuchado que alguien padece un Síndrome de Estocolmo y, de alguna manera, como persona interesada en la psicología clínica o simplemente por “sabiduría popular” sabes que es una reacción en la que las personas que han sufrido un secuestro o alguna retención forzosa terminan identificándose con el perpetrador de esta situación e incluso vinculado afectivamente con quien ha ejercido el daño físico y/o psicológico.

Apelando al Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales en su cuarta edición revisada (DSM-IV-TR; APA, 2002), la referencia a este síndrome no sería explícita, siendo el equivalente conceptual la categoría de Trastorno disociativo no especificado, dentro de la cual se distinguen los llamados Estados disociativos que pueden presentarse en individuos que han estado sometidos a períodos de prolongada e intensa persuasión coercitiva (p.ej., lavados de cerebro, modificación del pensamiento o adoctrinamiento en sujetos cautivos).
La historia del Síndrome de Estocolmo tiene que ver con un atraco que se produjo en el año 1973 en, cómo no podía ser de otra forma, Estocolmo. Concretamente, el Kreditbanken sueco fue asaltado por un grupo de delincuentes que retuvieron a varios empleados del banco, obligando a estas personas a situarse en el suelo boca abajo y con las manos en la nuca. Rodeados por la policía y con el consiguiente nerviosismo, tuvieron encerrados a los rehenes seis días. La sorpresa llegó cuando, en el momento de la liberación, una de las mujeres retenidas se despedía abrazando y besando a uno de los secuestradores. Se supo incluso que, para el juicio de los criminales, otra víctima creo un fondo de defensa legal para ayudar con los gastos generados. De alguna manera, se había establecido un vínculo con el/los secuestrador/es. En el Síndrome de Estocolmo no es raro que  se llegue incluso a colaborar con los secuestradores para ayudarles a alcanzar sus objetivos o evitar, cómo se ha señalado, la acción de la justicia.
Acudiendo al campo de la psicología forense, podemos buscar cómo se desarrolla esta afección. Lo cierto es que el estado disociativo subsecuente a un secuestro tiene que ver con unos determinantes muy claros. En este sentido, el tipo de secuestro va a condicionar mucho el posible Síndrome de Estocolmo que aparezca y sus características. Hay diferentes variantes de secuestro en función de la finalidad. Quizá los casos más conocidos son de índole económica, político-terrorista o sádico-sexual. Cuando hablamos de lo económico, el ejemplo prototípico es el de la propia historia del Síndrome de Estocolmo. Si hablamos de motivación política terrorista es evidente que en nuestro país hemos tenido situaciones de secuestros a personas que indudablemente pueden ser la génesis de este síndrome. Finalmente, concretando algún ejemplo de índole sádico-sexual, seguro que conocéis el caso de Natascha Kampusch, una joven austriaca que fue secuestrada por Wolfgang  Přiklopil  a la edad de 10 años y que estuvo secuestrada un total de 3096 días (unos 8 años y medio). En unas declaraciones, tras lograr huir de su captor, quien al comprobar la fuga de Natascha se suicidó arrojándose a las vías del tren; la joven señalaba que su juventud había sido diferente a la de otros, pero que no tenía ninguna sensación de haberse perdido nada. Natascha no tenía prisa por reunirse con su familia e incluso llegó a llorar desconsoladamente cuando se enteró del fallecimiento de Wolfgang.
Aunque parezca sorprendente, puede generarse esta vinculación afectiva e incluso identificación con un captor tan cruel. Esta negación de lo malévolo del otro, de su atrocidad o, simplemente, no identificar como negativo lo sucedido; puede derivar en la génesis de un sentimiento antagónico de aceptación, que es la característica fundamental del Síndrome de Estocolmo. Obviamente, la base es una defensa del psiquismo, con un carácter eminentemente disociativo. Desgraciadamente, muchas veces no tenemos en cuenta que esto puede ser más común  de lo que pensamos y, en ocasiones, nos preguntamos como una persona que sufre maltrato físico y/o psicológico soporta situaciones vejatorias, humillantes o de riesgo para su vida. Quizá no vemos el poder de nuestra psique que “termina recurriendo” a estos procesos disociativos en aras de buscar una explicación aparentemente “lógica” (en ningún caso lo es) a lo que sucede, negando la desgraciada realidad.
Links para ampliar información
http://www.ehu.eus/documents/1736829/2169056/22+-+Secuestro+de+personas.pdf
http://www.rtve.es/noticias/20160822/natascha-kampusch-cuando-escapar-secuestro-no-recobrar-libertad/1389581.shtml 
¿Conoces más casos y/o situaciones dónde se haya dado este Síndrome?