Perdonad que empiece tan mandón pero, por favor, que alguien diga a las cadenas de televisión, prensa, vecinos, creadores de memes y audios del whatsapp (entre los que me incluyo), que dejen de hablar todo el rato de lo mismo, a saber, COVID-19, Coronavirus, Wuhan y mucho menos que aumenten nuestro interés por la zoología ya que, a ver quién era el listo que sabía lo que era un pangolín. En fin, como primer consejo, no exponernos a sobreinformación o aumentará nuestra posible pérdida de nervios.

En segundo lugar, pensamiento positivo, es decir, hay que buscar cosas que nos aporten calma y relajación. Ya está bien de tanta play y zarandajas afines. Rescatemos el Monopoly (aunque uno es más del Hotel) y otros juegos de mesa o hagamos manualidades (sí, eso existe) y, cómo no, hacer una buena cena a las respectivas parejas si las hubiere.

Al hilo de esto, el tercer consejo tiene que ver con la movilidad. Ya sé que ahora hay mucho runner, jumper y flipper (ah no, este era un delfín, que me he equivocado), pero que no salgáis a la calle. Habrá que apañarse con el Wii Fit (sé que soy antiguo), el vecino/a monitor/a del gym que tiene que estar en casa y vía terraza da lecciones magistrales o, sea como sea, mover el culo, ya que la medida preventiva puede derivar en un aumento del tamaño del susodicho y, por añadidura, todo nuestro cuerpo serrano (quien lo tenga).

En cuarto lugar, también es bueno tener espacios personales, ya que la convivencia puede derivar en problemas. No miento cuando os digo que la cuarentena de la ciudad china que me he concienciado en no nombrar ha derivado en un record de divorcios, por lo que algo me dice que España, que es una de las principales potencias de la Unión Europea en materia de divorcios, se comportará a la altura de las circunstancias (vid. Ironía).

Como no hay quinto malo, tiremos de las redes sociales, pero en su justa medida, ya que algunas personas van a acabar con tendinitis o afectación del túnel carpiano, por no decir otras que tienen los pulgares como morcillas de Burgos (perdón a los de las tierras del Cid). Por favor, dejad de publicad todo lo que hacéis (bueno, ahí me callo), pero no seamos brasas, que hay cosas innecesarias como estar recreándose en selfies todo el tiempo y suplicar por un like o reacción de conocidos a medias para sentirnos acompañados.

En octavo lugar, pero aún si cabe más importante, estéis solos o en compañía, es bueno afrontar la soledad como oportunidad de crecimiento personal y no como un período de simple aislamiento. Sería preferible no encerrarnos en nosotros mismos y buscar apoyo de seres queridos o, en otras palabras, no bombardear a todo tipo de personas que tengamos entre nuestros contactos con trivialidades o conversaciones superfluas, sino buscar aquellas que nos aportan o llenan y, sobre todo, tienen buenos sentimientos hacia nosotros. Aprender a estar solo implica reconocer nuestros sentimientos y ser capaz de expresarlos. Una buena forma es escribir una especie de diario o, si no tenemos la vena literaria, simplemente contarle lo que nos sucede a esos seres cercanos que nombré previamente. Hay que ser proactivos en la lucha contra la soledad, ya que corremos el riesgo de ser invadidos por la misma y sentirnos aún peor. A quien le gusten los animales, no está de más una mascota y, para qué engañarnos, con el nivel actual, algunos se lanzarán a comprarlas (perros básicamente) como si fueran rollos de papel higiénico (sin comentarios). Al final, si todo esto no os sirve, siempre os quedará comenzar terapia, eso sí, vía telemática.

De todas maneras, el mejor consejo es tomarse la vida con humor y distraerse, si bien es cierto, que ya se van agotando las películas para ver y el otro día en la soledad de la plancha dominical me encontré viendo una en la que aparecían unos estúpidos quelonios adolescentes que comían pizza (no me llaméis pedante –por esto-, que lo dijo un profe mío de bachillerato al que era imposible no llamar Termin…, digo Literator). Lo peor es que ese film ya lo había visto. Para los menos puestos, la oscarizada película era Tortugas Ninja y, llegados a ese punto, pensé que quizá era mejor distraerme escribiendo para que otras personas se entretengan leyendo.