El Caganer
caganer

Introducción

Llegan las fiestas navideñas y, por supuesto, el montaje y/o representación del nacimiento de Jesucristo a partir de multitud de Belenes en todo el planeta.

A partir de una figura popular en los belenes catalanes se realiza un repaso del papel de las emociones básicas humanas y de cómo reinterpretar aquellos que sucede a nuestro alrededor.

Hablemos de emociones

Como uno va pudiendo llamarse a sí mismo “clásico”, consideraremos solo 6 emociones básicas, a saber, alegría, tristeza, miedo, ira, asco y sorpresa. Alguna persona se estará preguntando qué narices tiene que ver eso con el insigne personaje protagonista tradicional de los Belenes catalanes y, para qué engañarnos, de cada vez más lugares.

Pues muy sencillo, ya que el que no enlaza conceptos es porque no quiere. Un Belén es una suerte de representación del nacimiento de Jesús de Nazaret y, a partir de ahí, parte de la iconografía reseñada en las Sagradas Escrituras. La representación de un Belén es algo extendido en nuestra cultura y, a quien más quien menos, le evoca o ha evocado alguna o algunas de las emociones básicas.

Ejemplos son la alegría por lo bueno recordado, la tristeza por la pérdida de seres queridos, el miedo a que vengan tiempos peores, el enfado por no estar como nos gustaría, el asco por la vivencia de situaciones injustas o la sorpresa por situaciones inesperadas.

La esencia del Caganer

Lo del Caganer viene de lejos y es que se habla de una figura que comenzó a aparecer en las representaciones belenistas a finales del siglo XVII y/o principios del XVIII. En pleno Barroco y, por tanto, yendo hacia un realismo exagerado; que más claro y meridiano que un señor evacuando sus excesos en medio del campo.

Cuidado, que como figura -de verdad- en el Belén no aparece hasta el siglo XIX y, en los siglos precedentes, su representación era en azulejos u otras manifestaciones artísticas. Que nadie se figure que estamos ante alguna oda a las parafilias relacionadas con la excreción, sino que, para la gente fina, estamos ante una muestra de cómo fertilizar la tierra. Sí, lo sé, la explicación parece un poco forzada, si bien no es mía y es lo que dice la gente que sabe.

Del asco a la risa

Pese a lo de la fertilidad, a nadie se le escapa que la panorámica escatológica de este buen pastor haciendo sus necesidades y, enlazando con la temática que ocupa este escrito, puede dar un pelín de asco.

El asco es una impresión desagradable motivada por algo que nos produce repugnancia, grima, aversión o animadversión. Aunque parezca mentira, algunas de las cosas más simples pueden provocarnos esta emoción. Rizando el rizo, el asco se mueve por leyes como la de la similitud (lo parecido a lo que provoca asco se inviste de esta emoción) o la del contagio (evitamos el contacto de “nuestras cosas” con aquello que nos da asco, por si las moscas).

Lo bueno del asco es que tiene una función de supervivencia. Salvando las distancias, en el caso del buen pastor “exhibicionista”, no habría lugar a sobrevivir, salvo para mentes muy remilgadas y quizá; quién sabe, podría aparecer ante una primera visión de la escena, un gesto de sorpresa e incluso de risa.

El poder del humor

La risa enlaza con el humor o, más bien, el segundo con la primera y, huelga decir, que el reírse contribuye a la expresión de la felicidad que, como buena emoción positiva, nos hace sentir bien. Moraleja, y aunque suene a tópico, hay que intentar ver lo positivo de lo que nos rodea y, en este sentido, la mera contemplación de un Belén puede llevarnos, tal y como se ha dicho, a sentir cualquiera de las emociones básicas.

Sin pretender negar las emociones “negativas”, el mensaje de fondo es que todo puede verse desde diferentes puntos de vista y, en este sentido, cualquier hecho aparentemente negativo, puede transformarse en algo positivo según la interpretación que realicemos. Por ello, miraré con detenimiento las diferentes representaciones navideñas del Belén.

Quién sabe si nuestro ilustre pastor adalid de la fertilidad de la tierra puede, cuanto menos, evocarnos una sonrisa y hacer que percibamos que van a ser unas Felices Fiestas.

PD: si se encienden las luces en noviembre, se pueden felicitar las fiestas navideñas un 8 de diciembre.  Felices Fiestas.

 

 

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