Síndrome de Amok

 

Lamentablemente, asistimos estupefactos a lo que nos informan son “crímenes de guerra” y, muchas veces, nos preguntamos que lleva al ser humano a matar a otros semejantes.

Descubramos la potencialidad homicida de cualquier persona y las variables subyacentes.

 

Crímenes de guerra

Según las definiciones más aceptadas un crimen de guerra supone una violación de las protecciones hacia los seres humanos establecidas por las leyes consensuadas en el Derecho Internacional Humanitario (a partir de la Convención de Ginebra).

Al hilo de esto, con fecha 1 de julio de 2009 se creó la Corte Penal Internacional en la Haya, organismo encargado de asegurar el enjuiciamiento de aquellos que cometiesen este tipo de aberraciones. Pero, qué es un crimen de guerra en el plano concreto.

Los crímenes de guerra aluden a asesinados, malos tratos u obligación de trabajos forzados a la población civil por parte de las fuerzas opresoras, asesinato o maltrato de prisioneros de guerra, pillaje de bienes públicos o privados, destrucción inmotivada de ciudades o pueblos  (p. ej.: la localidad ucraniana de Bucha) y un largo etcétera de, por desgracia, ejemplos que vemos en estos días (si bien seguían ocurriendo en otros lugares del mundo con menor exposición mediática) -p. ej.: ataques aéreos saudíes en Yemen-.

 

Horrores humanos

Los japoneses, en la II Guerra Mundial, torturaron a prisioneros, llegando incluso a conductas de canibalismo contra prisioneros de guerra del bando de los “aliados”; todo esto bajo la dirección de oficiales.

Cuidado, que en esta guerra, los del bando “aliado” también cometió aberraciones como el llamado “genocidio prusiano” u otros asesinatos de prisioneros de guerra desarmados y civiles.

Las referencias a crímenes de guerra son muy habituales en la segunda gran guerra, pero este tipo de ignominias están más presentes y habituales de lo que creemos.

La guerra de los Balcanes, en la que se llegó a apodar a un exgeneral serbobosnio (Ratko Mladic) como el carnicero de los Balcanes ya que, entre otras cosas, promovió el asesinato de civiles por francotiradores.

Todo lo aberrante que incluso no podáis imaginar ha sido perpetrado por diferentes “seres humanos” contra otros en el contexto de un conflicto bélico.

 

El Amok

Esta denominación se corresponden con un síndrome consistente en que una persona mate en masa. El ser humano, podríamos decir como argumento general, que no comete crímenes ni mata sin aparentemente ningún sentido, salvo en el contexto de una pelea u otra circunstancia análoga.

Los crímenes se suelen planificar y, por más que nos cueste, detrás de ello tiende a haber alguna motivación (sea más o menos incomprensible).

En el caso del Síndrome de Amok, pese a lo que podría parecer, suele implicar motivación detrás. Una persona compra municiones, enseres y/o mochilas para guardar sus armas, alquila un lugar concreto desde donde disparar y… desata “su locura”.

El término Amok procede de Malasia y, de hecho, es definido como un síndrome cultural, si bien está extendido en el mundo entero. Con todo, se insiste en la idea de no patologizar todo.

En un contexto bélico tienden a ocurrir procesos de deshumanización alienantes que hacen perder a las personas cualquier atisbo de humanidad.

Por detrás del impulso homicida del Amok, pueden estar diferentes causas, desde alteraciones anímicas, grandes frustraciones, vivencia de humillaciones, etc.

 

Qué lleva a asesinar

Imaginar a un asesino nos lleva a pensar en alguien monstruoso pero, nada más lejos de la realidad, y aunque cueste reconocerlo; cualquier persona es capaz de matar. Por más que nos pese, si se dan las circunstancias propicias, todos podemos llegar a cometer aberraciones.

Desde la investigación se ha llegado a postular que estamos programados para matar, si bien, es evidente que habría un gran conjunto de factores que podrían propiciar este tipo de comportamientos (p. ej.: frustraciones, venganzas, pensamientos colectivos, etc.).

Sea como fuere y como pensamiento nietzscheriano a reflexionar (que no necesariamente ejecutar) por aquellos que cometen aberraciones, uno debe morir con orgullo cuando ya no es posible vivir con orgullo.

Quizá evitar toda muerte y/o promover la vida, sea el paso imprescindible que rompa la cadena de autodestrucción humana que promueven las guerras y que se expresan en los terribles crímenes de lesa humanidad.

 

 

 

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