Si bien el 25 de noviembre es el día internacional contra la violencia de género, estos últimos días nos han marcado una cruda realidad. Seguimos estando en una sociedad en la que el patriarcado de algunos/as ejerce una influencia detestable contra otras/os. Hemos de ponerle un nombre claro y rotundo a esto, sin ambages, sin ninguna discusión…, es, simplemente, machismo.

 

Os echamos de menos

Olivia, ya sé que, por desgracia, ha aparecido tu cadáver. Anna, no sabemos qué ha sido de ti, aunque todos sospechamos lo peor. Del padre, solo sabemos, sirva la burda presunción de inocencia en este caso, que amenazó a la madre con la imposibilidad de ver a sus hijas en el futuro.

Parece obvio lo acaecido y muchos son los interrogantes aunque, la verdad, por debajo de todo, está lo que algunas personas se resisten a admitir, a saber, la violencia de género.

 

Preguntas como profesional

Tengo la suerte de trabajar ayudando a personas que tienen un trastorno mental grave. Amo mi trabajo y, pese a diferentes vicisitudes, intento generar ideas que ayuden a mejorar la calidad de vida de estas personas. Muchas veces escucho comentarios sobre que si es duro trabajar con este perfil de pacientes e incluso despectivos… ¡pobres!, pienso yo, hemos de aprender y creemos que damos lecciones.

Uno gusta de compartir espacios que normalicen el día a día y hete aquí que ayer (día 12 de junio) los usuarios con los que comía me preguntaban, como profesional, mi opinión sobre que el llamado “padre” de Olivia y Anna hubiese, presumiblemente, asesinado a sus hijas.

Devolví la pregunta como pude y dije, qué pensáis vosotros. Escuché frases como “ese tío está loco”, “es un animal”, “luego dicen que los que estamos mal somos nosotros”, “dime qué enfermedad mental tiene” o “no es posible que un padre pueda hacer eso”… Cada una de estas preguntas merecía una respuesta lo más certera posible.

Primera pregunta

Evidentemente, el “presunto” asesino no está “loco”, ni tan siquiera podemos aludir a la antaño nombrada “enajenación mental transitoria”, dada la reconstrucción de los acontecimientos que ofrecen las autoridades competentes. No le he evaluado, pero poco hace falta para ver qué obra conforme a una simple, pero a la vez aterradora, venganza.

Segunda pregunta

Ante la segunda pregunta señalé como hay muchas personas que están integradas en el medio natural/comunitario pero tienen un trasfondo abominable que, en función de las circunstancias, sale a relucir. El responder a qué trastorno mental tiene nos lleva a la diatriba de pensar que todo acto aberrante humano ha de basarse en una causa que lo explique siendo, en este caso, un trastorno mental, cuando no siempre (pocas veces de hecho), es así.

Tercera pregunta

La última de las preguntas expresadas, en torno al rol de padre, tiene una respuesta triste. En un contexto biológico un padre es aquel ser vivo, de sexo masculino, que ha tenido una descendencia directa. Otra cosa es la paternidad, que se vincula a la relación que mantienen los padres con sus descendientes y que, necesariamente, habría de estar basada en la expresión de amor y cariño en todas las formas en que sea posible, amén de fomentar un apego seguro.

En este caso, nos encontramos ante un varón que instrumentaliza a sus hijas solo para hacer daño a quien no quiere estar a su lado. Es la llamada violencia vicaria y, el acto realizado, aunque psicopático, no encierra tras de sí un trastorno mental, sino un deleznable trasfondo machista en el que las pequeñas son cosificadas para castigar a quien rechaza al machista que no tolera que otro varón pueda estar junto a quien considera suya y a las pequeñas que utiliza.

Desgraciadamente, este pensamiento no es porque sí, ni es un tema de comparar varones con mujeres; es simplemente una consecuencia de una sociedad en la que hay que erradicar el machismo. Sigamos trabajando en ello.

 

Violencia machista

En esta última triste semana, nos hemos encontrado dos ejemplos rastreros de violencia machista, sustentada, duela a quien duela y reconozca quien pueda, en un sistema patriarcal del que muchos luchan/amos por alejarnos y otros siguen negando como si mereciera la pena ese desacertado e inoportuno debate.

Resulta torticero negar la existencia de esta violencia que, allende posibles desacuerdos con la legislación vigente -no la existencia de una ley adaptada a esta realidad-, es una cruel circunstancia que se expresa en desgracias como las de estos días. Necesitamos una sociedad avanzada, en la que la creencia de que alguien (sobre todo si es mujer) te pertenece, sea un atavismo propio de una paupérrima incivilización a dejar atrás.

Ana Orantes supuso el punto de partida para la tan criticada, pero a la vez necesaria, “Ley Integral Contra la Violencia de Género”. Cuestionemos los matices, pero no el fondo.

Olivia y Anna, ojalá vuestra desaparición no sea en vano y avancemos hacia una sociedad donde el patriarcado sea un triste recuerdo y la verdadera igualdad se imponga. Sé que nos vais a guiar en el camino.

 

 

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