Puedo sentirme mal.

Llevamos tiempo debatiendo que si la salud mental es importante:

  • Hacen falta más profesionales,
  • La COVID-19 ha incrementado los casos de problemas ansioso-depresivos,
  • Hay que hacer más visible esta problemática,
  • Hay pocos psiquiatras,
  • Escasean los psicólogos clínicos

En cierta forma, se han normalizado las noticias que aluden a cualquiera de los aspectos comentados y, para más inri, cada vez hay más visibilidad de estas circunstancias porque personas “relevantes” (todos lo somos, vaya por delante), aluden de forma directa o indirecta a la salud mental como determinante de sus acciones.

Salud mental en el deporte

Tirando de un evidente ventajismo, pero soñando con un no menos necesario pragmatismo, las declaraciones de Simone Biles, que detallan el porqué de su abandono en los juegos olímpicos, abren la madeja de un problema muchas veces ocultado, pero que sigue y seguirá entre nosotros, a saber, la salud mental, en este caso, aplicada al deporte de alta competición, área trabajada por la psicología del deporte.

En estos tiempos olímpicos, considero que muchos tenemos en la cabeza grandes espectáculos deportivos veraniegos. Guste más a unas u otras personas, el fútbol impregna nuestra cultura y, en este sentido, me viene a la mente la figura de Andrés Iniesta.

Pese a ser un atlético confeso, la figura de este jugador me resulta cuasi mesiánica. Puede ser por sus dotes futbolísticas o, sin conocer al personaje, por sus dotes humanas. Me resulta muy emocionante que una persona, en el partido más importante de su vida, lleve una camiseta interior en la que nombre y/o recuerde a un amigo fallecido en su trabajo (futbolista) y aluda a su eterno recuerdo.

Esto es aún más hermoso (vaya por delante que me emociono al escribir estas palabras), si piensas que el propio Iniesta, había sufrido un proceso depresivo en el que la muerte de su ser querido (Jarque, siempre con nosotros), había jugado, probablemente, un papel fundamental.

Iniesta, sí, quien marcó el gol más celebrado en la historia nacional, había tenido previamente un proceso depresivo. Tenía 32 títulos con el Barcelona (segundo de la historia en títulos por aquel entonces) pero, pese a lesiones físicas jugaba, pese a la muerte de seres queridos daba la cara, pese a todo, estaba.

La salud mental es fundamental y, pese a quien pese, algo banalizado o, cuanto menos, obviado y/o minimizado, por quienes pueden asignar recursos. Igual que es utópica la consideración de unos ratios ajustados a las verdaderas necesidades (otra cosa es que no sea lo necesario), no es menos obvio que no se nos está cuidando debidamente en lo que atañe a las emociones, aquellas que nos causan malestar, como la tristeza y/o el miedo.

Minimizar los problemas mentales

Sin que parezca una sentencia, pero señalando lo acaecido, un gran deportista, Djokovic, se refería al abandono de Simon Biles en términos (no literales) relacionados con la idoneidad de ser fuerte, de saber enfrentarse a las dificultades y, siendo fiel a sus palabras, refiriendo expresiones como que “la presión es un privilegio” y/o un ideario de esa índole.

Admito ser un “nadalista” en lo que al juego del tenis se refiere y, en este contexto, podría parecer que censuro a Novak desde un enfervorizado patrio ventajista y, lo siento, nada más allá de la realidad, lo que veo es lo que mucha gente hace que es, simple y llanamente, una minimización de los problemas mentales cuando a uno no le tocan directamente.

En mi opinión sería el Excusatio non petita, accusatio manifesta que, en síntesis, se refiere a que alguien disculpe un problema sin que nadie lo haya pedido, lo cual puede ser un indicador de que quien lo hace sea el ejecutor de ese problema (esto lo digo sin acritud nadaliana hacia el gran tenista serbio -excusatio non…).

 

La importancia de la salud mental en el deporte

Más allá de intentar hacer un guiño humorístico, lo cierto es que situaciones como la de Simone Biles nos hacen ver la importancia de la salud mental y, de forma concreta, de la psicología del deporte.

Sin ir más lejos, Michael Phelps, deportista excelso en sus logros, albergaba una problemática derivada de bullying, problemas familiares y que, por desgracia, contribuyó a la presencia de diferentes afecciones relacionadas con el consumo de sustancias, amén de un trastorno afectivo.

En el caso de Simone Biles, un bloqueo ante la ejecución de un ejercicio, ha dado pie a un debate universal, pero lo cierto es que nos ha dado una lección. Sí, la lección de Biles se relaciona con saber que puede ser la “mejor” pero, a su vez, escuchar y leer sus emociones. Comprender que su mente no responde a las demandas que necesita e identificar que sus deseos y emociones no están alineados con competir.

Qué bonito es que el ser humano pueda reconocer estos estados y, aún más hermoso, que vayamos normalizando estas situaciones. Este es uno de los numerosos retos a los que se enfrenta la salud mental y, en todo caso, gracias a personas como Simone Biles (quien, por desgracia, atesoraba numerosos factores de riesgo de afección anímica), la necesidad de una mayor atención a la salud mental es cada vez más patente.

 

Gracias

De corazón, gracias. Quizá, esta es tu mejor medalla, porque solo alguien de tu magnitud puede visibilizar problemas que afectan a muchas personas y que, por desgracia, no son atendidas con los recursos necesarios.

 

 

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